Cuando las historias son buenas, dejan huella; pero cuando son impactantes, graban una marca generacional imborrable. A mis 9 o 10 años, me senté a ver una película junto a mi madre y todavía recuerdo el momento en que anticipó una escena icónica diciéndome: «Está prendida la olla a presión». El resto fue trauma, recuerdo y pura nostalgia.

Atracción Fatal: El trauma que se volvió cultura pop.
Cuando las historias son buenas, dejan huella; pero cuando son impactantes, graban una marca generacional imborrable. A mis 9 o 10 años, me senté a ver una película junto a mi madre y todavía recuerdo el momento en que anticipó una escena icónica diciéndome: «Está prendida la olla a presión». El resto fue trauma, recuerdo y pura nostalgia.

Incluso llegué a conocer a una señora que, para referirse a alguien que no estaba en sus cabales, solía decir: «Esa mujer es conejo en la cocina». El que sabe, sabe.

Esa película era Atracción Fatal (1987), dirigida por Adrian Lyne. Se trata de un filme con una trama tan envolvente que resulta imposible ignorarla una vez que te sumerges en ella. Aquí conocemos a Dan Gallagher —interpretado por Michael Douglas, uno de mis actores favoritos—, un exitoso abogado que vive una vida apacible junto a su esposa Beth (Anne Archer) y su pequeña hija Ellen.

Sin embargo, durante un fin de semana en que su familia viaja fuera del estado, Dan conoce a la editora Alex Forrest, en el que es, probablemente, el papel más aclamado y recordado de Glenn Close. Lo que inicia como un encuentro fortuito se transforma en una aventura extramarital cuyas consecuencias arrastran a los protagonistas por un camino de obsesión, suspenso y paranoia sin límites.

La empatía con el «monstruo»
En retrospectiva, lo que más sobrevive al tiempo son las actuaciones. La dinámica entre Dan y Alex recrea un entorno virulento y dependiente con tal verosimilitud que uno llega, incluso, a empatizar con la antagonista. A pesar de su conducta acosadora, amedrentadora e inclusive criminal, la vulnerabilidad de Alex nos atrapa, solo para que al final nos percatemos de un riesgo mayor: empatizar constantemente con el villano puede hacer que justifiquemos su peligrosa locura.

La banda sonora amplifica esa constante sensación de inquietud. Los escenarios, desde el bullicio de la ciudad hasta la aparente calma del campo, se ven trastocados por el rencor y el remordimiento. La película deja claro que no importa qué tan lejos intentes esconderte o qué tan anónimo te creas en la gran ciudad: siempre hay alguien observándote.

El cine como espejo de nuestras sombras
Es aquí donde el cine imita a la vida real, para bien o para mal. A estas alturas, creo que todos hemos tenido alguna «historia de terror» con alguien de características similares; situaciones de las que uno tiene que salir aunque sea arrastrándose sobre vidrio roto.

Finalmente, la vida nos ubica según nuestras decisiones. Esta historia es como el vínculo con una Alex Forrest: intenso, macabro y difícil de soltar. Simula ese tipo de relaciones de las que solo se sale herido de muerte para luego, arruinado y desde cero, decidir si te levantas o te quedas en el suelo permitiendo que te sigan pisoteando.

Ficha técnica:

  • Director: Adrian Lyne.
  • Protagonistas: Michael Douglas (Dan) y Glenn Close (Alex).
  • Género: Thriller psicológico / Suspenso.
  • Música: Maurice Jarre.
  • Logro: 6 nominaciones al Óscar (incluyendo Mejor Película y Actriz).

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